De Masticatione Mortuorum

Queridos mamutianos, se acerca el estreno del segundo número de nuestra revista. Contamos con numerosas novedades y colaboradores de excepción que aún no vamos a desvelar. Lo que sí podemos decir es que os presentaremos la continuación del De Masticatione Mortuorum, escrito por el teólogo Philip Rohr en 1679, uno de los principales tratados de vampirismo y demonología. Si aún no habéis leído la primera parte, aquí la tenéis.


 

DE MASTICATIONE MORTUORUM

por Philip Rohr (1679)

Traducción y comentario: M. A. Martí Escayol.

De Masticatione Mortuorum es un texto excepcional escrito en latín el año 1679 por el teólogo Philip Rohr (¿-1686). La obra trata un tema que despertó gran interés entre los filósofos y científicos durante la época moderna, el de la vida después de la muerte. El objetivo de Philip Rohr es analizar críticamente las historias y rumores que describen como algunas personas enterradas, especialmente en épocas de epidemias de peste, emiten ruidos en sus tumbas, se comen su propia carne y ropa o salen de las tumbas para ejercer algún tipo de mal sobre los vivos, ya sea devorar carne o beber sangre o transmitir epidemias. El texto se divide en dos partes, una histórica y otra filosófica. Aquí os presentamos la primera parte, donde Rohr especifica que no es su intención tratar casos de muertos resucitados por la Divina Providencia ni casos de apariciones de cuerpos movidos por el Diablo con el permiso divino, ni casos de vivos enterrados prematuramente al ser considerados difuntos por sufrir alguna enfermedad paralizadora. El objetivo de Rohr es tratar los casos de personas verdaderamente muertas que una vez enterradas realizan el acto de masticar.

Sin duda estamos ante un documento extraordinario. Rohr nos ofrece casos y testimonios de hechos considerados verídicos por muchas personas de la época y también nos ofrece un auténtico estado de la cuestión del tema, detallando las opiniones de diversos autores. Como se deduce de la lectura, algunos de ellos niegan la posibilidad de un retorno de la muerte, mientras otros redefinen el fenómeno con argumentaciones derivadas de la lógica científica, filosófica o teológica. Entre las obras citadas por Rohr destacamos, Disquisitionum magicarum libri sex (1599) de Martin Antonio del Río (1551-1608), De Miraculis Mortuorum (1610) de Heinrich Kornmann (c. 1580-c.1640), una obra coetánea a la obra considerada por algunos el primer tratado de vampirismo: De Graecorum hodie quorundam opinatinabus de Leo Allatius (1610), y De Miraculis Mortuorum (1670) de Frederic Garmannk. Es significativo como durante este mismo siglo en paralelo a la búsqueda de explicaciones lógicas a los casos de cadáveres supuestamente resucitados proliferan los estudios y experimentos iniciados en el Renacimiento que tienen como objetivo conseguir la resurrección de la carne, nos referimos a los trabajos de autores como Jacques Gaffarel, Gottfried Voigt, Gottfried Wihelm Leibniz, Joseph Duchesne o Athanasius Kircher.

El texto de Rohr, pues, reúne historias populares y debates académicos que inspiraron gran parte de la literatura de vampiros y zombis de los siglos posteriores. Posiblemente existieron casos verdaderos de entierros prematuros de personas vivas. Seguramente las personas transmitían estas historias exagerando, especulando y añadiendo detalles escabrosos. En paralelo a estas creencias populares la cultura de élite debatía sobre el tema elaborando un discurso intelectual, religioso, filosófico o científico que incidía en el choque entre verdad-realidad, realidad-apariencia o razón-fe. Seguramente la fuerza del conjunto de elaboraciones de la cultura popular y la cultura de élite transformaron lo imaginado en un imaginario colectivo que materializaba sentimientos de miedo, pánico o caos. La figura literaria del monstruo (en todas sus variantes) sería una creación inevitable para el control y domesticación de estos miedos.

M. A. Martí Escayol

 

Cap. I. Revisión histórica.

Quienes escriben historias de entierros y difuntos mencionan que se han encontrado cuerpos que parecen haber devorado sus mortajas y sudarios y haber comido carne y que cuando lo hacen emiten sonidos como si fueran cerdos masticando.

Diversos autores han ofrecido algunas teorías. Según algunos el fenómeno es debido a causas naturales poco claras; según otros es obra de animales hambrientos de carne humana; y otros autores aducen opiniones distintas.

Consideramos que es un tema digno de ser estudiado, ordenado y debatido, y tenemos como objetivo el llegar a una buena conclusión.

Para conseguirlo hemos decidido emprender este estudio, esperando la indulgencia del lector por tratar asuntos poco claros y sin consenso entre los estudiosos. Para desarrollar el estudio utilizaremos opiniones de autoridades que han intentado resolver el tema.

Presentamos el tema en dos partes. Primero presentamos una revisión histórica y seguidamente una revisión filosófica.

SECCIÓN 1

En esta disertación no tratamos la masticación de los difuntos que comen en sus tumbas al haber sido retornados a la vida por la Divina Providencia.

Según las palabras de las Escrituras muchos difuntos regresan a la vida. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento recogen ejemplos de estos casos. III Reyes, 22 (Reyes, XVII, 22), IV Reyes, 21 (Reyes, XIII, 21), Sant Mateo IX, 18-25; San Lucas, VII, 11-17; San Juan XII,1. Diversos ejemplos también han sido recogidos por Beierlingius en Theatre Verae Historiae Lit. R. Post médium, 320, citado en Fabulosa Ethnicorum; y Martin Delrio2 en el segundo libro de Disquisitionum Magicarum Libri Sex, que recoge y expone la falsedad de diversas historias de resurrección de los muertos escritas por poetas y escritores.3

SECCIÓN 2

No entendemos por difuntos quienes aparentemente han expirado y una vez enterrados salen de sus tumbas, o quienes aún no siendo enterrados se despiertan y, después, comen.

Primero exponemos los hechos citados por Kornmannus4 en la obra De Miraculis Mortuorum (Part II, c. 33), donde escribe: “A menudo el alma permanece unida al cuerpo del ser humano. Pero el movimiento de los miembros es desconocido,  por esta razón no es fácil saber si los cuerpos de este tipo están vivos o muertos.”

Por esta razón a veces sucede que quienes carecen de los conocimientos necesarios sobre estas materias no saben distinguir a los vivos de los muertos. Y a veces sucede que se entierra a algún pobre infeliz cuya alma parecía haberse ido. Y siendo enterrados inevitablemente hubieran perecido si un golpe de suerte no les hubiera dado el poder de luchar contra este peligro.

Estos tipos de trances y comas son denominados por los médicos αφωυοι (que no pueden hablar ni oir). Delrio los divide en varias categorías: 1) los apopléjicos, paralíticos y atónitos (por sorpresa o miedo); 2) aquellos con cerebros aturdidos; 3) los que tienen pasiones histéricas y las mujeres con estrangulamiento de la matriz; 4) los que se desmayan durante un trance, como el caso de Juan Duns Escoto quien dado por muerto fue sepultado.

El caso de Juan Duns Escoto es relatado por Kornmannus en De Miraculis Mortuorum (Part VI, c. Lvi). En su libro el autor cita unos elegantes versos de Janus Vitalis5 sobre la muerte de Scotus6. Las siguientes líneas pertenecen al poema:

Esto nunca sucede a ningún hombre, viajero,

Scotus fue enterrado una vez

Y dos veces murió, el jefe de los sofistas

El más ingenioso y el más inteligente.

En el capítulo sexto de la misma obra Kornmannus ofrece un ejemplo similar extraído de los Annales de Ioannes Zonaras7 sobre el Emperador Zeno. Diversos autores han recogido el caso de quienes habiendo sido enterrados dándolos por muertos han resurgido de sus tumbas.

Kornmannus expone un caso que él mismo define de memorable. En una pintura votiva de los Sagrados Apóstoles en Colonia Agripiame se escribe:

“La mujer de nombre Richemodis fallecida por la epidemia de peste murió en 1357. Por el gran amor conyugal de su marido el anillo de esposada permaneció en su dedo.

El anillo era de tal valor que esa misma noche el capellán con su criado abrió el ataúd y al querer extraerlo del dedo la mujer se levantó. El capellán y su criado huyeron aterrorizados y la mujer regresó a su casa, donde le recibió con alegría su esposo.”

Este es un ejemplo de alguien enterrado y liberado de su fosa. Similar es el caso relatado por Plinio8 en su Historia Natural (libro VII, c 52), donde expone el caso de Aviola, un hombre de rango consular, quien revive en su funeral.

También relata el caso de Lucius Lamia. Este caso será más tarde registrado por Valerius Maximus, libro I, 8. Según Delrio para tratar estos casos sería conveniente usar el calor de las llamas, pues este dispersa los humores sincopáticos fríos. Estos casos enseñan que no se debe enterrar a los difuntos con prisas o sin la atención requerida.

En la antigua Roma era común hacer mucho ruido y gritar cerca del difunto para poder concretar si ya se había separado el alma del cuerpo. Los verdaderamente muertos y que no podían regresar a la vida se llamaban “conclammati”.

Séneca9 en su De tranquillitate animi escribe: “Totiens in vicinia mea conclamatum est”. Esto es: “A menudo en mi vecindad se hace la conclamación”. De todos modos según los lexicógrafos “conclamata corpora”10 significa “aquellos que están muertos y enterrados”.

SECCIÓN 3

No entendemos por masticación de los muertos las apariciones o espectros que salen de la tumba con la ayuda de espíritus maléficos.

Ciertamente el diablo no puede resucitar los difuntos. Esto es un dogma de fe y la razón filosófica argumenta que es opuesto a la naturaleza.

Pero no negamos que a menudo ha sucedido y puede pasar que con permiso divino por obra del Diablo algunos salgan de sus tumbas y hagan acciones o lo simulen y consecuentemente puedan comer.

Algunos ejemplos pueden verse en Kornmannus, De Miraculis Mortuorum (II, cs. X y XIII); en Johan Georg Godelmann11, traducido por Georg Schwartz12, Rector de la Universidad de Marburg, como Von Zäuberern Hexen und unholden (I, IV, 47); y en Delrio Disquisitionum Magicarum (Liber II, qu. 29. sect. 1. post medium 308, sqq). Delrio ofrece varios ejemplos de paganos que supuestamente se alzan de sus tumbas. Delrio escribe:

“El Diablo puede generar muchas ilusiones. Puede robar los cuerpos de los muertos y substituirlos por formas fantasmales que se mueven como lo hacen los vivos; y también puede entrar en los cuerpos de los difuntos. Puede hacer parecer que el cadáver vive, lo hace con su poder (que le es permitido) y los posee. Y como un piloto mueve un barco él mueve los cuerpos de los muertos quienes así imitan las acciones y gestos de los vivos.”

SECCIÓN 4

No es nuestra intención tratar aquí los muertos que parecen estar muertos, es decir, quienes cuando han sido enterrados se levantan y comen.

Un ejemplo de esto lo da Kornmannus en De Miraculis Mortuorum (Part VI, c. LIX). El lector debe juzgar por si mismo la verdad de los hechos. Otro ejemplo se encuentra en Annales Ecclesiastici13 de Baronius14. Según este, Zeno es dado por muerto por una epilepsia y es enterrado, pero después revive y, torturado por el hambre, se come los músculos de sus brazos y muerde la piel de sus botas.

SECCIÓN 5

El argumento de este tratado son los verdaderamente muertos que son enterrados y por un poder externo se ponen a masticar.

Según un dicho recogido por Erasmo en sus Adagia: “los hombres muertos no muerden”. Esto es cierto, los muertos no pueden ser movidos por ninguna fuerza externa para realizar una acción tan extraordinaria como comer.

El comer es una acción de los vivos, alimentarse de sólidos requiere absorber, salivar en la boca y tragar con la ayuda de los músculos, recibir en el estómago y digerir.

El objeto del masticar es el alimento, definido por Aristótiles en The Physics como “un cuerpo que por cambios naturales pasa a formar parte de la substancia de un animal vivo.”

No usamos la palabra masticación en su sentido estricto y específico, sino etimológico.

De aquí deriva el objeto de su existencia, la nutrición, y solo atañe a la acción ejercida por los dientes, la masticación de cualquier alimento llevado a la boca.

Para ser más específicos es necesario usar masticar en el sentido estricto, pues cualquier masticación por parte de los muertos debe ser análoga a la de los vivos de igual manera que se habla de un retrato con el nombre del retratado. Si alguien quiere usar como sinónimo comer, consumir y palabras similares como sinónimos, dejémosle hacerlo.

En lengua vernácula lo llamamos mekschen, schmetzen, y netzschen son palabras onomatopéyicas, tomadas del sonido, y este es el sonido de quienes mastican en sus tumbas. Ver Heinrich Rothen, Tractatus de peste Sangerhausen.

Y la misma frase es usada por Conrad Schlusselburg15 quien escribe: “A menudo se experimenta que se oye masticar como cerdos a personas muertas en sus tumbas” Kornmannus también remarca en su De Miraculis Mortuorum (Part II, c. 64): “Es probado por diversos casos que ciertos muertos en su tumba han devorado y ingerido sus ropajes”

SECCIÓN 6

Los registros históricos muestran que se ha visto y oído tragar a ambos sexos. Aunque tanto cuerpos de hombres y mujeres se han oído jadear y chillar los diversos testimonios muestran que es más común que los cuerpos del sexo débil emitan voces curiosas. Esto se manifiesta a partir de la experiencia real.  La razón la daremos a continuación. La mayoría de los autores que tratan de estos temas no especifican si la persona muerta era un hombre o una mujer, y por esto se da por hecho que eran hombres. Estos autores quienes han silenciado estos detalles son condenables por perjudicar a la verdad.

SECCIÓN 7

Los ejemplos deben establecerse siguiendo un orden cronológico.

Para aclarar el tema no lo haremos como aquellos quienes tratan el tema vagamente. Es conveniente exponer ejemplos de muertos que comen en sus tumbas, y a partir de estos ejemplos se deben esclarecer las cosas.

Será suficiente citar el año y lugar de los casos y citar los autores que han escrito de este tema. Se podrán realizar posteriores referencias a los autores originales de quienes hemos extraído la información. Este compendio es para que quienes quieran conocer más detalles puedan recurrir a los autores y obras.

En el año del señor 1345 en la ciudad Bohemia de Levin el cadáver de una mujer deglutió en su tumba (Georg Phillipp Harsdorffer16 en su Theatrum Tragicorum Exemplorum, citado por Hegenezius en Chronicon Bohemiae17  (cap CXV. P.m. 406).

Lo mismo ocurrió en tiempos de Lutero, cuando el cadáver de una mujer devoró su propia carne (Luther’s Colloquia xxiv, f. m. 221. sq.)18.

También ocurrió en 1552 cerca de Freiburgum (Müllerus in Annal. Freiburgens. p. 254. in ap. Excell. Dn. L. Garmann. De mirac. Mort19.)

Lo mismo ocurrió en el año 1553 en Luben, Silesia (Conrad Schlüsselburg, Gründlicher Erklarung des XCI Pf. Cons. XII, Part iii, p.m.155). También en el año 1565 en Sangerhausen (D. Schlüsselburg. l. c. ex Conc. Funebr. XXX. M. Heinrici Rothens in Additam.) También en el año 1579 en Weismarien (D. Schlüsselb.l.c.)

Adam Rother20 también registra casos de cadáveres que emitían extraños sonidos, como el cloqueo de las gallinas, en Marburg y alrededores, en el año 1581.

Cuando la plaga de peste diezmó Schisselbein algunos vieron estos casos en cadáveres enterrados en tumbas (Ignatius Hanielus en su Tratado de peste en Schisselbein). En el año 1603 de este siglo en la ciudad de Reinstade (Nienstade), cerca de Hamburgum, se escuchó a un cadáver que parecía que estuviera devorando como un cerdo. Todo esto se encuentra en la obra de Schlüsselburg.

Harsdorffer, el eminente autor citado anteriormente cita el caso increíble de un cadáver que no solo devoró su propio ropaje sino también el cuerpo de una mujer enterrado cerca del suyo. No proporciona el año pero ocurrió en Egwanschitz, ciudad de Moravia, en el año 1672.

Hay un caso similar ocurrido cerca de mi ciudad del que fue testimonio un íntimo amigo mío digno de confianza. El cadáver de un hombre (cuyo nombre prefiero no mencionar) habiendo sido exhumado se observó que había devorado sus propias extremidades.

Podría aportar más ejemplos de libros y estudios históricos. Pero considero que lo expuesto es suficiente para constatar que existen cadáveres a quienes se les oye masticar.

 

 


Notas

  1. Philipp Rohr (¿-1686)
  2. Martin Antonio del Río (1551-1608), Disquisitionum magicarum libri sex(1599)
  3. Para un estado de la cuestión del tema de la resurrección en la escolástica cristiana, el Renacimiento y la Ilustración, ver: Carlos Solís, “La ciencia de la resurrección”, Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, 2012, LXIV, 2, 311-352
  4. Heinrich Kornmann (c. 1580-c.1640), autor de De Miraculis Mortuorum (1610). Kornmann también escribió sobre las maravillas de los vivos en De miraculis vivorum, Frankfurt, 1614. Fue refutado en De miraculis mortuorum de Christian Friedrich Garmann, 1670, ver nota número 19.
  5. Janus Vitalis, nom llatí de Giano Vitale de Parlerm (c.1485-c.1560). Autor del epigrama De Roma (1554)
  6. John Duns Scotus (1266-1308). Paolo Giovi  (1483-1552)? y el dominico Abrahán Bzowski escribieron sobre la supuesta inhumación aún estando vivo de Duns Scoto. Contra estas invenciones escribieron Mateo Ferchius (1583–1669) y Lucas Waddingo.
  7. Cronista y teólogo bizantino del siglo XII.
  8. Plinio el Viejo (23-79), escritor, naturalista y científico.
  9. Lucio Anneo Seneca (4aC-65dC), filósofo romano. En el séptimo de sus Diálogos trata sobre la ataraxia.
  10. Según la definición del Diccionario histórico-enciclopédico de Vicenç Joaquín Bastús i Carrera (1825): “Conclamación: Ceremonia romana que consistía en llamar en alta voz a un individuo que acabase de morir, para detener el alma fugitiva o despertarla si se hallase todavía unida al cuerpo. A veces se tocaba al propio tiempo que llamaban al alma, un cuerno o trompeta; cuya ceremonia, que en ciertas ocasiones se repetía por ocho días consecutivos, se practicaba ya entre algunos pueblos antes de la fundación de Roma. Los cadáveres en quienes se practicaba esta operación se llamaban Conclamata corpora.” Según el Nuevo Valbuena o Diccionario latino-español de Vicente Salvá (1840): “Conclamata corpora. Cuerpos reconocidos por muertos, después de haber sido llamados en alta voz, antes de ponerlos en la pira.”
  11. Johann Georg Gödelmann (1559 –1611) jurista, diplomático y escritor de demonogía. Autor de Tractatus de magis.
  12. Nigrinus, Georg N. (Schwartz), teólogo (1530-1602)
  13. Annales ecclesiastici a Christo nato ad annum 1198 (publicado entre 1588 y 1607)
  14. Cesare Baronio  (1538-1607), historiador y cardenal italiano.
  15. Konrad Schlüsselburg (1543-1619), teólogo reformista alemán.
  16. Georg Philipp Harsdörffer (1607 –1658)
  17.  Wenceslaus Hajek of Libočan (¿-1596) (también conocido como Hegenezius), autor de Chronicon Bohemiae(1587)
  18. Martín Lutero (1483-1546)
  19. Christian Friedrich Garmann (1640-1708), De miraculis mortuorum, 1660. El objetivo del libro era refutar que los muertos siguen vivos en sus tumbas según lo descrito en De miraculis mortuorum de Heinrich Kornmann. A pesar de su escepticismo Garmann creía en la sensibilidad de los cadáveres y por esta razón, siguiendo a Philippe Ariès (The Hour of Our Death, 1982), su ambigüedad le condenó a no ser considerado en las biografías médicas del xviii.
  20. Adamus Rotherus, Piae meditationes et commonefactiones ex verbo dei/ Quas tempore pestiferae, luis, publice pro concione proposuit auditoribus suis, Wittenberg,1584.

 

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